
Camus y Nietzsche: el mito de Sísifo y la doctrina del eterno retorno.
“Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. […] Con respecto a [el mito de Sísifo] , lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces cómo la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volver a subir hasta las cimas, y baja de nuevo a la llanura”. (Camus, 1953)
Sísifo sabe que deberá cargar con el peso de la roca para siempre. El carácter trágico de este mito radica en que su protagonista tiene conciencia, conciencia de su destino, de su condición, de sus límites, de los muros que lo rodean. Si todo elemento trágico se funda en un antagonismo irresoluble, es decir, si lo inconciliable es el rasgo esencial de lo trágico por excelencia, entonces lo trágico y lo absurdo se fusionarían en una misma cosa. Es que, según Camus, lo absurdo es esencialmente ese divorcio entre el hombre y su vida, aunque no está ni en el uno ni en el otro de los elementos comparados, sino que nace de su confrontación, de la relación misma, de la co-presencia de ambos en el existir. El absurdo no está en el hombre, ni en el mundo, sino en su presencia común. Lo absurdo resulta de la reflexión humana sobre su condición de ser mortal, temporal o finito, del percatarse de que su existencia está privada de eternidad y de unidad. El hombre comprende que si bien puede, por medio de la ciencia, captar los fenómenos y enumerarlos, no puede aprehender el mundo mediante ella; hay una no-razonabilidad que emerge del enfrentamiento entre la irracionalidad del mundo y el deseo, la ansiedad de clarificarlo todo de parte de la razón humana. El límite de la vida y el límite de la razón son dos convicciones exasperantes que ahogan al hombre en el clima del absurdo. No es posible saber si este mundo posee un sentido que lo supera, pero sabemos que no estamos en conocimiento de este sentido y que por el momento, nos es imposible conocerlo. “El razonamiento quiere ser fiel a la evidencia de lo absurdo que lo ha estimulado. […] ¿Qué significa para mí un significado fuera de mi condición? No puedo comprender sino en términos humanos”.
Es trágico el vivir lúcidamente tomando conciencia de lo absurdo; es trágico que comenzar a pensar sea comenzar a ser minado; es trágica la contradicción entre el sentirse ajeno al mundo tal como es y el no querer por nada abandonarlo; es trágica la irreductibilidad del mundo a un principio racional frente a nuestro afán de comprenderlo... Ante este sufrimiento y falta de sentido, Camus no considera el suicidio como una posibilidad propia del hombre absurdo, ya que decir que el mundo carece de sentido no es equivalente a decir que no vale la pena vivir en él.
En este mito, la noción de un eterno retorno de lo mismo es fundamental. Una vez que Sísifo ha llegado a la cima, deberá regresar para así volver a subir, una y otra vez, cargando su pesada roca. Como bien destaca Freud “[...] sólo el factor de la repetición involuntaria es el que nos hace parecer siniestro lo que en otras circunstancias sería inocente, imponiéndonos así la idea de lo nefasto, de lo ineludible [...]”(Freud, 1919). Si la repetición es un aspecto clave del concepto de lo siniestro, lo es porque a ella está referida el núcleo de este último. La repetición es condición de posibilidad del retorno de lo mismo, en su mismidad radica lo siniestro.

La primera comunicación de la doctrina del eterno retorno, por parte de Nietzsche, corresponde al penúltimo fragmento de La gaya ciencia con el número 341 (V,265 s.):
“El peso más grave. Y si un día, o una noche, un demonio se deslizara en tu más solitaria soledad y te dijera: ‘Esta vida, así como ahora la vives y la has vivido, tendrás que vivirla otra vez e innumerables veces más; y no habrá nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida tiene que volver a ti, y todo en el mismo orden y sucesión, y también esa araña y esa luna entre los árboles, y también este instante y yo mismo. El eterno reloj de arena de la existencia volverá siempre a invertirse, y tú con él, grano de polvo del polvo’. ¿No te arrojarías al suelo y harías chirriar los dientes y maldecirías al demonio que te hablaba de ese modo? ¿O has vivido alguna vez un prodigioso instante en el que le hubieras respondido: ‘¡eres un dios y nunca he oído algo más divino!’. Si ese pensamiento adquiriera poder sobre ti, te transformaría, a ti, tal como eres, y quizás te aniquilaría; ¡la pregunta, respecto de todo y de cada cosa: ‘¿lo quieres otra vez, e innumerables veces más?’ yacería sobre tu actuar como el más grave de los pesos! ¿O cómo tendrías que reconciliarte contigo mismo y con la vida para no pedir nada más que esta última, eterna rúbrica y confirmación?”.
Esta enorme roca que Sísifo debe cargar, constituye un enorme peso, el cual se hace aún más grave si se está conciente de que se está destinado a tener que soportarlo por la eternidad. Según la visión de Heidegger en su libro Nietzcshe, “[Un grave peso] puede arrastrar hacia abajo, rebajar al hombre y, cuando está abajo volverse superfluo como peso, con lo que el hombre queda de pronto sin peso y no puede ya apreciar donde está su arriba, no puede ya darse cuenta de que está abajo, y en lugar de ello se considera el medio y la medida, mientras que en realidad todo eso sólo constituye su mediocridad”(Heidegger, 2000). Justamente, a pesar del peligro de deslizarse hacia abajo y quedarse allí, y como consecuencia de la atracción que ejerce el mismo peso hacia abajo, está la continua presión de mantenerse en alto. Así, el obstáculo que constituye el grave peso exige permanentemente que se lo enfrente y lo supere. Entonces, es posible distinguir dos modos opuestos de enfrentar este peso: dejarse atraer al abismo o convertirse uno mismo en un contrapeso aún mayor.
El saber trágico, propio de Sísifo y del hombre absurdo en este caso, sabe que la vida misma requiere del tormento y el sufrimiento en un primer momento, y que todo esto no es una objeción contra la vida, sino los sentimientos necesarios que resultan de la lucidez de la conciencia. De este modo lo suficiente no es vivir en la tragedia, sino vivirla, sin hacer una desesperada abstracción de un dolor que no tiene remedio. Tal como Camus postula, “un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra”, es ya él mismo un grave peso, el cual impide tambalearse, proporciona quietud y solidez, concentra sobre sí todas las fuerzas, las reúne y les da determinación. Un grave peso no crea nuevas fuerzas, aunque altera la dirección de su movimiento y crea así nuevas leyes de movimiento a las fuerzas disponibles.
En cada instante en que Sísifo, nuestro héroe absurdo tanto por sus pasiones como por su tormento, deja las cimas y se sumerge hacia los pies de la montaña, es superior a su destino. En el descenso piensa en la magnitud de su condición miserable. Entonces, “la clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria”, su destino le pertenece, su roca es suya, y es necesario que cargue con ella tal como el Dasein debe cargar, apasionado, con su propio el peso, asumiéndolo sin más horizontes que él mismo. Al igual que el Dasein, desde la desazón, desde la nada, Sísifo se llama a apropiarse de su ser.
Sísifo se vuelve señor, tanto de su infelicidad como de su felicidad; se vuelve hacia su roca, tal como el hombre se vuelve sobre sí mismo, ya que él es su vida, y como tal su único y propio fin. Él mismo es su sentido. La sublimación de su destino, de su vida consiste precisamente en afirmarla y apropiarse de ella, para luego crear y así poder darle una forma. La sublimación no pasa por darle una esperanza que impida vivir para la vida misma y por tanto, la traicione. Rechazando la esperanza, no se trata de caer en la resignación sino que se debe aprender a vivir y morir, a no aspirar a una vida inmortal, sino agotar el campo de lo posible. Comienza a forjarse así, la voluntad afirmativa, la cual se transformará en rebelión para superar lo absurdo.
“Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. […] Con respecto a [el mito de Sísifo] , lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces cómo la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volver a subir hasta las cimas, y baja de nuevo a la llanura”. (Camus, 1953)
Sísifo sabe que deberá cargar con el peso de la roca para siempre. El carácter trágico de este mito radica en que su protagonista tiene conciencia, conciencia de su destino, de su condición, de sus límites, de los muros que lo rodean. Si todo elemento trágico se funda en un antagonismo irresoluble, es decir, si lo inconciliable es el rasgo esencial de lo trágico por excelencia, entonces lo trágico y lo absurdo se fusionarían en una misma cosa. Es que, según Camus, lo absurdo es esencialmente ese divorcio entre el hombre y su vida, aunque no está ni en el uno ni en el otro de los elementos comparados, sino que nace de su confrontación, de la relación misma, de la co-presencia de ambos en el existir. El absurdo no está en el hombre, ni en el mundo, sino en su presencia común. Lo absurdo resulta de la reflexión humana sobre su condición de ser mortal, temporal o finito, del percatarse de que su existencia está privada de eternidad y de unidad. El hombre comprende que si bien puede, por medio de la ciencia, captar los fenómenos y enumerarlos, no puede aprehender el mundo mediante ella; hay una no-razonabilidad que emerge del enfrentamiento entre la irracionalidad del mundo y el deseo, la ansiedad de clarificarlo todo de parte de la razón humana. El límite de la vida y el límite de la razón son dos convicciones exasperantes que ahogan al hombre en el clima del absurdo. No es posible saber si este mundo posee un sentido que lo supera, pero sabemos que no estamos en conocimiento de este sentido y que por el momento, nos es imposible conocerlo. “El razonamiento quiere ser fiel a la evidencia de lo absurdo que lo ha estimulado. […] ¿Qué significa para mí un significado fuera de mi condición? No puedo comprender sino en términos humanos”.
Es trágico el vivir lúcidamente tomando conciencia de lo absurdo; es trágico que comenzar a pensar sea comenzar a ser minado; es trágica la contradicción entre el sentirse ajeno al mundo tal como es y el no querer por nada abandonarlo; es trágica la irreductibilidad del mundo a un principio racional frente a nuestro afán de comprenderlo... Ante este sufrimiento y falta de sentido, Camus no considera el suicidio como una posibilidad propia del hombre absurdo, ya que decir que el mundo carece de sentido no es equivalente a decir que no vale la pena vivir en él.
En este mito, la noción de un eterno retorno de lo mismo es fundamental. Una vez que Sísifo ha llegado a la cima, deberá regresar para así volver a subir, una y otra vez, cargando su pesada roca. Como bien destaca Freud “[...] sólo el factor de la repetición involuntaria es el que nos hace parecer siniestro lo que en otras circunstancias sería inocente, imponiéndonos así la idea de lo nefasto, de lo ineludible [...]”(Freud, 1919). Si la repetición es un aspecto clave del concepto de lo siniestro, lo es porque a ella está referida el núcleo de este último. La repetición es condición de posibilidad del retorno de lo mismo, en su mismidad radica lo siniestro.

La primera comunicación de la doctrina del eterno retorno, por parte de Nietzsche, corresponde al penúltimo fragmento de La gaya ciencia con el número 341 (V,265 s.):
“El peso más grave. Y si un día, o una noche, un demonio se deslizara en tu más solitaria soledad y te dijera: ‘Esta vida, así como ahora la vives y la has vivido, tendrás que vivirla otra vez e innumerables veces más; y no habrá nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida tiene que volver a ti, y todo en el mismo orden y sucesión, y también esa araña y esa luna entre los árboles, y también este instante y yo mismo. El eterno reloj de arena de la existencia volverá siempre a invertirse, y tú con él, grano de polvo del polvo’. ¿No te arrojarías al suelo y harías chirriar los dientes y maldecirías al demonio que te hablaba de ese modo? ¿O has vivido alguna vez un prodigioso instante en el que le hubieras respondido: ‘¡eres un dios y nunca he oído algo más divino!’. Si ese pensamiento adquiriera poder sobre ti, te transformaría, a ti, tal como eres, y quizás te aniquilaría; ¡la pregunta, respecto de todo y de cada cosa: ‘¿lo quieres otra vez, e innumerables veces más?’ yacería sobre tu actuar como el más grave de los pesos! ¿O cómo tendrías que reconciliarte contigo mismo y con la vida para no pedir nada más que esta última, eterna rúbrica y confirmación?”.
Esta enorme roca que Sísifo debe cargar, constituye un enorme peso, el cual se hace aún más grave si se está conciente de que se está destinado a tener que soportarlo por la eternidad. Según la visión de Heidegger en su libro Nietzcshe, “[Un grave peso] puede arrastrar hacia abajo, rebajar al hombre y, cuando está abajo volverse superfluo como peso, con lo que el hombre queda de pronto sin peso y no puede ya apreciar donde está su arriba, no puede ya darse cuenta de que está abajo, y en lugar de ello se considera el medio y la medida, mientras que en realidad todo eso sólo constituye su mediocridad”(Heidegger, 2000). Justamente, a pesar del peligro de deslizarse hacia abajo y quedarse allí, y como consecuencia de la atracción que ejerce el mismo peso hacia abajo, está la continua presión de mantenerse en alto. Así, el obstáculo que constituye el grave peso exige permanentemente que se lo enfrente y lo supere. Entonces, es posible distinguir dos modos opuestos de enfrentar este peso: dejarse atraer al abismo o convertirse uno mismo en un contrapeso aún mayor.
El saber trágico, propio de Sísifo y del hombre absurdo en este caso, sabe que la vida misma requiere del tormento y el sufrimiento en un primer momento, y que todo esto no es una objeción contra la vida, sino los sentimientos necesarios que resultan de la lucidez de la conciencia. De este modo lo suficiente no es vivir en la tragedia, sino vivirla, sin hacer una desesperada abstracción de un dolor que no tiene remedio. Tal como Camus postula, “un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra”, es ya él mismo un grave peso, el cual impide tambalearse, proporciona quietud y solidez, concentra sobre sí todas las fuerzas, las reúne y les da determinación. Un grave peso no crea nuevas fuerzas, aunque altera la dirección de su movimiento y crea así nuevas leyes de movimiento a las fuerzas disponibles.
En cada instante en que Sísifo, nuestro héroe absurdo tanto por sus pasiones como por su tormento, deja las cimas y se sumerge hacia los pies de la montaña, es superior a su destino. En el descenso piensa en la magnitud de su condición miserable. Entonces, “la clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria”, su destino le pertenece, su roca es suya, y es necesario que cargue con ella tal como el Dasein debe cargar, apasionado, con su propio el peso, asumiéndolo sin más horizontes que él mismo. Al igual que el Dasein, desde la desazón, desde la nada, Sísifo se llama a apropiarse de su ser.
Sísifo se vuelve señor, tanto de su infelicidad como de su felicidad; se vuelve hacia su roca, tal como el hombre se vuelve sobre sí mismo, ya que él es su vida, y como tal su único y propio fin. Él mismo es su sentido. La sublimación de su destino, de su vida consiste precisamente en afirmarla y apropiarse de ella, para luego crear y así poder darle una forma. La sublimación no pasa por darle una esperanza que impida vivir para la vida misma y por tanto, la traicione. Rechazando la esperanza, no se trata de caer en la resignación sino que se debe aprender a vivir y morir, a no aspirar a una vida inmortal, sino agotar el campo de lo posible. Comienza a forjarse así, la voluntad afirmativa, la cual se transformará en rebelión para superar lo absurdo.

5 Comments:
creo que es un tema muy interesante el que tratas en este artículo"toto". En especial eso del eterno retorno, pero sinceramente creo que lo tuyo no es la filosofía sino las necesidades más básicas de todo hombre, a saber, el sexo y la comida.
Atentamente
La Nutria
buen articulo, aunque me costó bastante entenderlo. felicitaciones, y escribe más pues!!!
wena, toto.
Hola Toto ( por qué toto? te gusta el grupo? o por el perrito de el mago de oz? o porque?) aunque prefiero más Cristóbal...no me conoces pero dí de chiripa con tu "blog" y me parece super interesante los temas que desarrollas, para un chico de tu edad creo que te manejas muy bien ordenando tus ideas y plasmándolas en frases que expresen lo que pasa en tu mente, estoy un poco asombrada por eso. Como sea, quería felicitarte y estaré revisando tus notas más adelante. Y no quiero sonar fresca ni que pienses mal de mi por lo que voy a decirte pero no imagino una cara para el autor de este blog, a veces, la gente cuando lee comentarios de alguien se forma una idea sin rostro...y sólo tiro mi pregunta al aire que sé...no tendré respuesta. Será Toto tan atractivo como su forma de pensar y racionalizar el mundo en el que vive?
firma...(30-5)
Toto, permíteme citar una vez más a Nietzsche, pero esta vez del Nacimiento de la Tragedia, un pasaje que se relaciona con tu tema.
“Una vieja leyenda cuenta que durante mucho tiempo el rey Midas había intentado cazar en el bosque al sabio Sileno; acompañante de Dioniso, sin poder cogerlo. Cuando por fin cayó en sus manos, el rey pregunta qué es lo mejor y más preferible para el hombre. Rígido e inmóvil calla el demón; hasta que forzado por el rey, acaba prorrumpiendo en estas palabras, en medio de una risa estridente: ‘Estirpe miserable de un día, hijos del azar y de la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido; no ser; ser nada. Y lo mejor, en segundo lugar, es para ti - morir pronto”
Eso, perdona lo largo, pero notable o no?...
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